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Muy bien que ¡por fin!, el gobernador de Veracruz logre inaugurar esta obra, será una vía digna de acceso a la ciudad, y una vía rápida de escape ante las contingencias que podrían afectar a Coatzacoalcos. Todo sería perfecto si hubiera los debidos puentes peatonales en los puntos de cruce de transeúntes. Pero eso no se construyó.
La deficiencia de puentes peatonales, debido a la ineptitud de las autoridades, tanto municipales como estatales, será resuelta mediante topes, con lo que la vía dejará de ser un digno acceso a Coatzacoalcos y una vía rápida de escape ante las contingencias. Lo que no han entendido esas sesudas autoridades es que los topes no dan seguridad alguna al peatón, que tiene que sortear el peligroso tráfico con el riesgo de ser atropellado por algún conductor molesto por la barbarie del tope.
En cambio, si se construyen puentes peatonales, se ofrece una seguridad absoluta a los peatones, que podrán cruzar la arteria sin riesgo alguno, dejando la calzada libre para que los vehículos de emergencia puedan circular con fluidez, y para que los visitantes de la ciudad tengan una imagen de un Veracruz que progresa.
Son necesarios los puentes peatonales en dos partes muy transitadas por los peatones: frente al ITESCO, donde miles de alumnos a diario arriesgaban sus vidas al sortear los topes, y frente a un conocido centro comercial que está a la entrada de las colonias Teresa Morales de Delgado y Las Gaviotas.
De instalarse estos puentes peatonales, el gobierno de Veracruz resarcirá a los miles de pobladores que a diario transitan por esta rúa, por los casi dos años de malos pavimentos, peligrosos hoyancos, topes irracionales y un gran riesgo para conductores y transeúntes. Nuevamente podría recuperarse la confianza en el sentido social del gobernador, porque lo contrario será factor que se adicionará a los muchos que le cierran el camino para la presidencia de la república.
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martes, 23 de diciembre de 2008
viernes, 21 de noviembre de 2008
Coatzacoalcos defrauda a Sedesol
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Es delicado cómo, compartiendo el fraude con los diputados panistas y con Fidel Herrera, el alcalde de Coatzacoalcos, Marcelo Montiel, ha venido defraudando a Sedesol con numerosos proyectos, avalados por agrupaciones que desconocen, o soslayan en su beneficio, el fondo fraudulento de las acciones de este alcalde.
Pequeño, pero como muestra basta un botón, es el proyecto con que engañan a los pobladores de Allende haciendo creer que trabajan para prevenir las adicciones y la violencia contra las mujeres, para lo que solicitaron 300 mil pesos.
El proyecto costaría eso y más, si se realizaran las acciones y se contrataran los profesionistas adecuados. Pero Marcelo ha hecho creer que esas acciones son gratuitas y se ha apoyado en un otrora honorable club de servicio, a través de una persona cuyo nombre omito por respeto a la imagen que tenía de ella. Así que los trescientos mil pesos quedan en manos de quienes no hacen nada, mientras que se contrata a pasantes en psicología, que aceptan salarios de limosna y que carecen de las estrategias y método para llevar a cabo este complejo proyecto.
Por supuesto, no habrá resultados de ninguna especie, porque no es lo mismo un pasante inexperto, que un profesionista con la experiencia suficiente para saber lo que vale su trabajo y cómo lo pagan los proyectos de Solidaridad Social, que ocupan fondos del Banco Mundial.
Lo que es extraño es que a Marcelo, especialista en defraudar a Sedesol, como lo hizo en su anterior mandato, cuando el maestro Francisco Cano estaba al cargo de esta dependencia en Coatzacoalcos y se negó a cooperar con esos fraudes perpetrados por Gloria Corrales y Marcelo Montiel. Ahora sigue lo mismo y es extraño que le hayan asignado presupuestos, que hasta ahora sólo han servido para lucro de compromisos y Ganimedes.
No sería extraño que la problemática llegara hasta los mismos diputados locales y a Fidel Herrera, quienes revisarán los documentos que presente Montiel, y al que le pedirán participación en el enorme fraude que se lleva a cabo en Coatzacoalcos.
Estas son las cosas que han alejado a Fidel de sus aspiraciones a la Presidencia de México, porque a su partido no le conviene una persona que a cada paso deja fraudes e inconformidades, y solo favorece a sus cada vez menos amigos.
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Es delicado cómo, compartiendo el fraude con los diputados panistas y con Fidel Herrera, el alcalde de Coatzacoalcos, Marcelo Montiel, ha venido defraudando a Sedesol con numerosos proyectos, avalados por agrupaciones que desconocen, o soslayan en su beneficio, el fondo fraudulento de las acciones de este alcalde.
Pequeño, pero como muestra basta un botón, es el proyecto con que engañan a los pobladores de Allende haciendo creer que trabajan para prevenir las adicciones y la violencia contra las mujeres, para lo que solicitaron 300 mil pesos.
El proyecto costaría eso y más, si se realizaran las acciones y se contrataran los profesionistas adecuados. Pero Marcelo ha hecho creer que esas acciones son gratuitas y se ha apoyado en un otrora honorable club de servicio, a través de una persona cuyo nombre omito por respeto a la imagen que tenía de ella. Así que los trescientos mil pesos quedan en manos de quienes no hacen nada, mientras que se contrata a pasantes en psicología, que aceptan salarios de limosna y que carecen de las estrategias y método para llevar a cabo este complejo proyecto.
Por supuesto, no habrá resultados de ninguna especie, porque no es lo mismo un pasante inexperto, que un profesionista con la experiencia suficiente para saber lo que vale su trabajo y cómo lo pagan los proyectos de Solidaridad Social, que ocupan fondos del Banco Mundial.
Lo que es extraño es que a Marcelo, especialista en defraudar a Sedesol, como lo hizo en su anterior mandato, cuando el maestro Francisco Cano estaba al cargo de esta dependencia en Coatzacoalcos y se negó a cooperar con esos fraudes perpetrados por Gloria Corrales y Marcelo Montiel. Ahora sigue lo mismo y es extraño que le hayan asignado presupuestos, que hasta ahora sólo han servido para lucro de compromisos y Ganimedes.
No sería extraño que la problemática llegara hasta los mismos diputados locales y a Fidel Herrera, quienes revisarán los documentos que presente Montiel, y al que le pedirán participación en el enorme fraude que se lleva a cabo en Coatzacoalcos.
Estas son las cosas que han alejado a Fidel de sus aspiraciones a la Presidencia de México, porque a su partido no le conviene una persona que a cada paso deja fraudes e inconformidades, y solo favorece a sus cada vez menos amigos.
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La Corrupción tocó otro fondo
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Cuando el catastrófico Lear Jet que, en su caída, calcinó a más de 50 vehículos con sus ocupantes, que circulaban en el periférico cuando la aeronave tocó tierra, con la correspondiente muerte de más de 50 inocentes, además de algunos miembros de la mafia retrógrada que gobierna el país y que viajaban en el vehículo aéreo, se puso de manifiesto, sobre todas las cosas, la estupidez de los principios privatizadores que, como es común en estos casos, privilegian el lucro y no la calidad y seguridad de los servicios.
Un mar de contratos para mantenimiento de la aeronave, una confusa declaratoria sobre la antigüedad del vehículo, la constante insistencia en que se trató de un “accidente”, cuando todos sabemos que los accidentes no nacen, se hacen. El culpar a pilotos y controladores de vuelo sin voz, o sin “chamba”.
Pero el punto no es si fue o no un atentado, vamos a creer lo increíble y aceptemos las “explicaciones” oficiales. El punto es que, hace años, cuando el mantenimiento y resguardo de los aviones del poder ejecutivo federal estaba a cargo de los mecánicos de la Fuerza Aérea Mexicana, a la que pertenecen por ley, nunca pasaban esas extrañas cosas de que cayeran sobre cientos de inocentes, sólo el del gobernador de Tabasco, Carlos Alberto Madrazo, en 1969, junto con el tenista Rafael “Pelón” Ozuna cayó, claro, este avión no era de la Fuerza Aérea Mexicana.
El punto de todo esto es que el pretendido accidente que cegó las vidas de más de cincuenta personas inocentes (a las que se han reducido a menos de diez), además de nueve integrantes de la camarilla que está hundiendo al país, fue consecuencia de esa oleada privatizadora en la que, incluso los aviones del poder ejecutivo federal, adquiridos con recursos públicos y para uso exclusivo del gobierno federal, pero que por esa intrínseca corrupción (y estupidez) pasan a propiedad de compañías privadas que no tienen siquiera la capacidad de garantizar la seguridad de los funcionarios que les dan de comer.
Así colocadas las cosas, el “accidentazo” del cómplice de Fe. Cal. en la entrega de los recursos petroleros nacionales al extraño enemigo que profana con sus botas el suelo mexicano, es consecuencia del mismo principio que defiende la estulticia de los dos últimos sexenios: creer que la iniciativa privada hace mejor las cosas que las entidades públicas. ¡Bien merecido!
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Cuando el catastrófico Lear Jet que, en su caída, calcinó a más de 50 vehículos con sus ocupantes, que circulaban en el periférico cuando la aeronave tocó tierra, con la correspondiente muerte de más de 50 inocentes, además de algunos miembros de la mafia retrógrada que gobierna el país y que viajaban en el vehículo aéreo, se puso de manifiesto, sobre todas las cosas, la estupidez de los principios privatizadores que, como es común en estos casos, privilegian el lucro y no la calidad y seguridad de los servicios.
Un mar de contratos para mantenimiento de la aeronave, una confusa declaratoria sobre la antigüedad del vehículo, la constante insistencia en que se trató de un “accidente”, cuando todos sabemos que los accidentes no nacen, se hacen. El culpar a pilotos y controladores de vuelo sin voz, o sin “chamba”.
Pero el punto no es si fue o no un atentado, vamos a creer lo increíble y aceptemos las “explicaciones” oficiales. El punto es que, hace años, cuando el mantenimiento y resguardo de los aviones del poder ejecutivo federal estaba a cargo de los mecánicos de la Fuerza Aérea Mexicana, a la que pertenecen por ley, nunca pasaban esas extrañas cosas de que cayeran sobre cientos de inocentes, sólo el del gobernador de Tabasco, Carlos Alberto Madrazo, en 1969, junto con el tenista Rafael “Pelón” Ozuna cayó, claro, este avión no era de la Fuerza Aérea Mexicana.
El punto de todo esto es que el pretendido accidente que cegó las vidas de más de cincuenta personas inocentes (a las que se han reducido a menos de diez), además de nueve integrantes de la camarilla que está hundiendo al país, fue consecuencia de esa oleada privatizadora en la que, incluso los aviones del poder ejecutivo federal, adquiridos con recursos públicos y para uso exclusivo del gobierno federal, pero que por esa intrínseca corrupción (y estupidez) pasan a propiedad de compañías privadas que no tienen siquiera la capacidad de garantizar la seguridad de los funcionarios que les dan de comer.
Así colocadas las cosas, el “accidentazo” del cómplice de Fe. Cal. en la entrega de los recursos petroleros nacionales al extraño enemigo que profana con sus botas el suelo mexicano, es consecuencia del mismo principio que defiende la estulticia de los dos últimos sexenios: creer que la iniciativa privada hace mejor las cosas que las entidades públicas. ¡Bien merecido!
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lunes, 17 de noviembre de 2008
El Informe de Tío Fide
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Es gracioso saber que las noticas de los periódicos amordazados y bien maiceados dicen que fue recibido con gran beneplácito de la Legislatura estatal el documento que contiene el informe de las actividades del Ejecutivo estatal. Subrayan que no hubo oposición ni cuestionamientos. Claro, no le han preguntado a los muchos habitantes del estado que, con toda claridad, piensan que es otro más de los engaños de esa “fidelidad” ya bien conocida.
En Coatzacoalcos, por ejemplo, se habla de los muchos millones invertidos en la ampliación de la avenida Universidad, pero los usuarios saben que se trata de una obra de tan mala calidad que se han formado, una y otra vez, grandes cráteres lodosos que hacen el trayecto por la flamante obra un verdadero infierno.
La mala planeación llega al grado que, en los pocos lugares donde parecía terminada la obra, se han tenido que volver a hacer zanjas para colocar o quitar cables, para construir muros de “contención” que no parecen contener más que la factura que se reparte entre los prohombres de la “fidelidad”. Cuando llueve se inunda el tramo debido a que fue concebido sin drenajes pluviales, las banquetas son como de casita de muñecas, una ciclo pista en la parte media del camellón parece ser, hasta este momento, el único acierto de la vía, pero se ve reducido al absurdo en cada cruce de calles por no contar con rampas para transitar en los velocípedos de manera expedita. Carece de puentes peatonales, como si fuera un camino vecinal de una ranchería, en vez de ser una de las dos vías de acceso a Coatzacoalcos.
Y así como esta obra, tal vez la mayor en tamaño, están todas las demás: un tramo de malecón que sólo sirve de acceso a un hotel de cadena internacional, pero no va a ningún lugar; calles que se anuncian como pavimentadas, pero que están cerradas a la circulación desde hace ya muchos días, y en las que no se ven avances, una ciclo pista playera, anunciada como la gran obra del sexenio y la que ni siquiera tiene los muros de contención para la arena en condiciones aceptables, etcétera, etc.
Se complace el Tío Fide al decir que su gobierno no tiene oposición, pero no tiene la capacidad para concretar obras de calidad. Tal vez no tenga oposición en los partidos políticos, pero en el pueblo de las diversas áreas del estado, el pueblo, los usuarios de las obras, todos esos que no son oposición por la simple razón que tampoco son gobierno, pero son los que pagan los impuestos que financian obras de mala calidad y redundan en enormes beneficios económicos para funcionarios y contratistas.
En esa dirección está también lo que sucede con el fantasioso túnel de Coatzacoalcos, que hasta ahora ha sido muy útil porque ha permitido confirmar la hipótesis histórica sobra la naturaleza portuaria de Coatzacoalcos en la época olmeca, pero que ha cobrado ya varias vidas de los operarios que lo han estado construyendo y se han confirmado las acusaciones sobre la mala calidad de los materiales que se utilizan para su construcción. Ese es el perfil de las obras de Fidel Herrera, es claro que así va a ganar mucho dinero, pero no la voluntad para erigirlo en Presidente de la República, porque el pueblo pide alguien inteligente y que no engañe y Fidel no es así.
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Es gracioso saber que las noticas de los periódicos amordazados y bien maiceados dicen que fue recibido con gran beneplácito de la Legislatura estatal el documento que contiene el informe de las actividades del Ejecutivo estatal. Subrayan que no hubo oposición ni cuestionamientos. Claro, no le han preguntado a los muchos habitantes del estado que, con toda claridad, piensan que es otro más de los engaños de esa “fidelidad” ya bien conocida.
En Coatzacoalcos, por ejemplo, se habla de los muchos millones invertidos en la ampliación de la avenida Universidad, pero los usuarios saben que se trata de una obra de tan mala calidad que se han formado, una y otra vez, grandes cráteres lodosos que hacen el trayecto por la flamante obra un verdadero infierno.
La mala planeación llega al grado que, en los pocos lugares donde parecía terminada la obra, se han tenido que volver a hacer zanjas para colocar o quitar cables, para construir muros de “contención” que no parecen contener más que la factura que se reparte entre los prohombres de la “fidelidad”. Cuando llueve se inunda el tramo debido a que fue concebido sin drenajes pluviales, las banquetas son como de casita de muñecas, una ciclo pista en la parte media del camellón parece ser, hasta este momento, el único acierto de la vía, pero se ve reducido al absurdo en cada cruce de calles por no contar con rampas para transitar en los velocípedos de manera expedita. Carece de puentes peatonales, como si fuera un camino vecinal de una ranchería, en vez de ser una de las dos vías de acceso a Coatzacoalcos.
Y así como esta obra, tal vez la mayor en tamaño, están todas las demás: un tramo de malecón que sólo sirve de acceso a un hotel de cadena internacional, pero no va a ningún lugar; calles que se anuncian como pavimentadas, pero que están cerradas a la circulación desde hace ya muchos días, y en las que no se ven avances, una ciclo pista playera, anunciada como la gran obra del sexenio y la que ni siquiera tiene los muros de contención para la arena en condiciones aceptables, etcétera, etc.
Se complace el Tío Fide al decir que su gobierno no tiene oposición, pero no tiene la capacidad para concretar obras de calidad. Tal vez no tenga oposición en los partidos políticos, pero en el pueblo de las diversas áreas del estado, el pueblo, los usuarios de las obras, todos esos que no son oposición por la simple razón que tampoco son gobierno, pero son los que pagan los impuestos que financian obras de mala calidad y redundan en enormes beneficios económicos para funcionarios y contratistas.
En esa dirección está también lo que sucede con el fantasioso túnel de Coatzacoalcos, que hasta ahora ha sido muy útil porque ha permitido confirmar la hipótesis histórica sobra la naturaleza portuaria de Coatzacoalcos en la época olmeca, pero que ha cobrado ya varias vidas de los operarios que lo han estado construyendo y se han confirmado las acusaciones sobre la mala calidad de los materiales que se utilizan para su construcción. Ese es el perfil de las obras de Fidel Herrera, es claro que así va a ganar mucho dinero, pero no la voluntad para erigirlo en Presidente de la República, porque el pueblo pide alguien inteligente y que no engañe y Fidel no es así.
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Coatzacoalcos Obra Pública
domingo, 26 de octubre de 2008
Carreteras Turísticas
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Uno de los ejemplos del enorme interés que el gobierno de Veracruz, y el de Coatzacoalcos, tienen en estimular el turismo en la región es la ruta de acceso del aeropuerto a Coatzacoalcos, particularmente en el tramo de cerca de cuatro kilómetros que constituye el acceso a esta ciudad.
La vía, que funciona como carta de presentación de la ciudad, desde hace casi seis meses es más problemática que un camino de terracería, realmente parece planeada para que los vehículos tengan problemas para circular. Tres de los seis carriles que tiene están bloqueados por una serie de muros que los imposibilitan para circular y los tres restantes han sido trazados para que funcionen como si fueran dos, pero llenos de baches tan profundos y amplios que parecen cráteres, interrumpidos con series de topes, bien planeados para hacer difícil la circulación a la vez que para deteriorar a todo tipo de vehículos.
Lo que parece hecho para provocar risa es que, para reparar de la manera más deficiente que pueda imaginarse, con materiales que los deslava la primera lluvia, se obstruyen los carriles por largas horas, en los lapsos de mayor tráfico del día y, por supuesto, cuando pueden ingresar o salir viajeros de la ciudad, las máquinas, camiones materialistas, revolvedoras, retroexcavadoras y buldóceres salen para obstruir aún más la circulación.
El resultado es que ningún viajero llega por placer a Coatzacoalcos, los que se ven obligados a llegar a la ciudad tienen que padecer esta problemática que disuade de acerarse a esta ciudad a descubrir los atractivos turísticos del sur de Veracruz. Mejor hospedarse en Minatitlán o Acayucan.
Otra cosa es la que sucede con el municipio indígena de Pajapan, colindante con el de Coatzacoalcos, que se preocupa por dar mantenimiento a los caminos y carreteras de su jurisdicción. Un ejemplo claro es el camino que une a Pajapan con la población de Cerritos, cerca del aeropuerto de Canticas. El camino pasa por varios lugares históricos, como lo es San Miguel Temoloapan, lugar a donde estuvo la hacienda del general Eulalio Vela, jefe político del cantón de Minatitlán gracias a quien se hicieron las gestiones que culminaron con la emancipación municipal de Coatzacoalcos. También pasa por la población de El Pescador, centro turístico con albergue cercano a la laguna de Minzapan y donde se producen diversas artesanías y medicamentos naturales.
Esta ruta, de quince kilómetros de terracería y diez de pavimento, se mantiene en perfectas condiciones, la autoridad municipal de Pajapan proporciona un mantenimiento constante, mediante labores de apisonamiento de piedra y conformación mecánica del camino, la vía no sólo no se ve interrumpida en las lluvias, sino que no tiene baches notables, ni topes, ni se ve la maquinaria obstruyendo la circulación, y no se trata de escasos cuatro kilómetros, sino de veinticinco.
Conclusión: el municipio de Pajapan resulta más amigable y apto para el turismo que el de Coatzacoalcos, no obstante las diferencias presupuestarias y de infraestructura.
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Uno de los ejemplos del enorme interés que el gobierno de Veracruz, y el de Coatzacoalcos, tienen en estimular el turismo en la región es la ruta de acceso del aeropuerto a Coatzacoalcos, particularmente en el tramo de cerca de cuatro kilómetros que constituye el acceso a esta ciudad.
La vía, que funciona como carta de presentación de la ciudad, desde hace casi seis meses es más problemática que un camino de terracería, realmente parece planeada para que los vehículos tengan problemas para circular. Tres de los seis carriles que tiene están bloqueados por una serie de muros que los imposibilitan para circular y los tres restantes han sido trazados para que funcionen como si fueran dos, pero llenos de baches tan profundos y amplios que parecen cráteres, interrumpidos con series de topes, bien planeados para hacer difícil la circulación a la vez que para deteriorar a todo tipo de vehículos.
Lo que parece hecho para provocar risa es que, para reparar de la manera más deficiente que pueda imaginarse, con materiales que los deslava la primera lluvia, se obstruyen los carriles por largas horas, en los lapsos de mayor tráfico del día y, por supuesto, cuando pueden ingresar o salir viajeros de la ciudad, las máquinas, camiones materialistas, revolvedoras, retroexcavadoras y buldóceres salen para obstruir aún más la circulación.
El resultado es que ningún viajero llega por placer a Coatzacoalcos, los que se ven obligados a llegar a la ciudad tienen que padecer esta problemática que disuade de acerarse a esta ciudad a descubrir los atractivos turísticos del sur de Veracruz. Mejor hospedarse en Minatitlán o Acayucan.
Otra cosa es la que sucede con el municipio indígena de Pajapan, colindante con el de Coatzacoalcos, que se preocupa por dar mantenimiento a los caminos y carreteras de su jurisdicción. Un ejemplo claro es el camino que une a Pajapan con la población de Cerritos, cerca del aeropuerto de Canticas. El camino pasa por varios lugares históricos, como lo es San Miguel Temoloapan, lugar a donde estuvo la hacienda del general Eulalio Vela, jefe político del cantón de Minatitlán gracias a quien se hicieron las gestiones que culminaron con la emancipación municipal de Coatzacoalcos. También pasa por la población de El Pescador, centro turístico con albergue cercano a la laguna de Minzapan y donde se producen diversas artesanías y medicamentos naturales.
Esta ruta, de quince kilómetros de terracería y diez de pavimento, se mantiene en perfectas condiciones, la autoridad municipal de Pajapan proporciona un mantenimiento constante, mediante labores de apisonamiento de piedra y conformación mecánica del camino, la vía no sólo no se ve interrumpida en las lluvias, sino que no tiene baches notables, ni topes, ni se ve la maquinaria obstruyendo la circulación, y no se trata de escasos cuatro kilómetros, sino de veinticinco.
Conclusión: el municipio de Pajapan resulta más amigable y apto para el turismo que el de Coatzacoalcos, no obstante las diferencias presupuestarias y de infraestructura.
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La Paz y su Bandera
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No cabe duda que el sistema es capaz de invertir y corromper todos posibles valores. La paz no es ningún valor, pero la guerra es muy cruel; en la guerra mueren inocentes, los niños quedan sin familia, la miseria se hace patente en toda la geografía de un país en guerra, los jóvenes son utilizados por quienes hacen la guerra y sacrifican sus vidas a cambio de nada. En las guerras nadie gana y los pueblos son vencidos por los intereses de quienes crean las guerras.
El sistema capitalista descansa sobre el concepto de guerra y sometimiento, produce una gran miseria en los pueblos que son avasallados en la competencia mortal llamada mercado, que es como un campo de batalla en que unos buscan ganar lo que otros poseen. El despojo, la miseria y la muerte son el signo distintivo del capitalismo. Hoy en día, el sistema capitalista –que todo lo corrompe– ha creado una inmensa masa de desposeídos, que viven en una miseria tal que su capacidad de consumir los bienes superabundantes que produce el sistema es casi nula, con lo que el sistema capitalista entra en una de sus características contradicciones: producir una inmensa cantidad de satisfactores que muy pocos pueden consumir.
Esos muchos que no pueden ni siquiera consumir lo que necesitan para vivir: alimentos, medicinas, atención médica, casa y transporte, son las víctimas de esa extrema violencia que define al sistema capitalista. ¿Cómo será que reaccionen ante esta violencia?
¿Qué haría usted si no le dieran alimento ni trabajo para comprarlo, si lo sacaran de su casa por no poderla pagar, si su medio de transporte desapareciera y no pudiera pagar siquiera el camión que le lleve a donde vaya. Si no le dieran trabajo ni oportunidad de nada porque “no hay dinero” para usted. ¿Lo tomaría con paz o sentiría una furia incontenible? La respuesta es obvia.
Así que el sistema tiene que llenar su ambiente de mensajes sobre la paz, la necesaria paz, la paz como un “valor”. Son “malos” los que no quieren la paz, los que se violentan ante la injusticia, los que protestan y gritan. Los “buenos” quieren la paz, esa paz que no protesta, en la que, de manera ficticia e infantil, se toman de las manos para vibrar con la paz del mundo, para pedir la no–violencia por parte de los despojados del sistema.
Esa paz, esa bandera, esa certificación, además de ser símbolos superficiales, son símbolo profundo de un engaño en que se dejan llevar –por ignorancia e inconsciencia– las personas que esto aplauden, en vez de ver con indignación la trampa del sistema capitalista que busca la paz para seguir explotando a los miserables antes de que mueran, eso sí, en silencio, sin protestas y en paz.
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No cabe duda que el sistema es capaz de invertir y corromper todos posibles valores. La paz no es ningún valor, pero la guerra es muy cruel; en la guerra mueren inocentes, los niños quedan sin familia, la miseria se hace patente en toda la geografía de un país en guerra, los jóvenes son utilizados por quienes hacen la guerra y sacrifican sus vidas a cambio de nada. En las guerras nadie gana y los pueblos son vencidos por los intereses de quienes crean las guerras.
El sistema capitalista descansa sobre el concepto de guerra y sometimiento, produce una gran miseria en los pueblos que son avasallados en la competencia mortal llamada mercado, que es como un campo de batalla en que unos buscan ganar lo que otros poseen. El despojo, la miseria y la muerte son el signo distintivo del capitalismo. Hoy en día, el sistema capitalista –que todo lo corrompe– ha creado una inmensa masa de desposeídos, que viven en una miseria tal que su capacidad de consumir los bienes superabundantes que produce el sistema es casi nula, con lo que el sistema capitalista entra en una de sus características contradicciones: producir una inmensa cantidad de satisfactores que muy pocos pueden consumir.
Esos muchos que no pueden ni siquiera consumir lo que necesitan para vivir: alimentos, medicinas, atención médica, casa y transporte, son las víctimas de esa extrema violencia que define al sistema capitalista. ¿Cómo será que reaccionen ante esta violencia?
¿Qué haría usted si no le dieran alimento ni trabajo para comprarlo, si lo sacaran de su casa por no poderla pagar, si su medio de transporte desapareciera y no pudiera pagar siquiera el camión que le lleve a donde vaya. Si no le dieran trabajo ni oportunidad de nada porque “no hay dinero” para usted. ¿Lo tomaría con paz o sentiría una furia incontenible? La respuesta es obvia.
Así que el sistema tiene que llenar su ambiente de mensajes sobre la paz, la necesaria paz, la paz como un “valor”. Son “malos” los que no quieren la paz, los que se violentan ante la injusticia, los que protestan y gritan. Los “buenos” quieren la paz, esa paz que no protesta, en la que, de manera ficticia e infantil, se toman de las manos para vibrar con la paz del mundo, para pedir la no–violencia por parte de los despojados del sistema.
Esa paz, esa bandera, esa certificación, además de ser símbolos superficiales, son símbolo profundo de un engaño en que se dejan llevar –por ignorancia e inconsciencia– las personas que esto aplauden, en vez de ver con indignación la trampa del sistema capitalista que busca la paz para seguir explotando a los miserables antes de que mueran, eso sí, en silencio, sin protestas y en paz.
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jueves, 2 de octubre de 2008
2 de Octubre
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Cierto que no se olvida la herida del 2 de octubre. Y menos se olvida cuando tomamos conciencia de que las armas de México se “cubrieron de gloria en Tlatelolco”, de esa manera en que se han venido cubriendo de gloria a través de los años: masacrando, asesinando jóvenes inocentes, ametrallando niños, violando ancianas, desapareciendo a maestros y estudiantes con sentido crítico, protegiendo a las peores rémoras de la historia mexicana.
Las armas mexicanas se cubrieron de esa gloria vergonzosa de la que no quisieran hablar los militares –de esa gloria negra de la que aún no desean hablar. Para esas nada honorables actividades es que en México hay un ejército, del que se avergüenzan incluso quienes fueron educados en la milicia. Escuché, después de la masacre de 1968 a un militar que honraba la disciplina de su carrera decir “por primera vez en la vida me avergüenzo de ser militar…”. El valor y la disciplina hay que tenerlos para desobedecer las órdenes de disparar contra el pueblo. Ese sentido del deber no lo conoce la mayor parte de los militares.
Y hoy en día, después de una supuesta democratización de la vida mexicana, sigue gobernando ese conservadurismo que le da la mano al gorila militar para ordenar que dispare en contra del pueblo hambreado y castrado, educado en la ignorancia. Pero que no lo crea tanto, porque el pueblo repudia la manera en que han pisoteado su dignidad para favorecer –una vez más– a las grandes empresas imperialistas.
Que no lo crean tanto, porque quien nada tiene que perder, tiene mucho por ganar en la lucha. Que no crean que ese pueblo esté tan castrado que ya ni sueñe, porque ese pueblo sabe que es mayoría y que sin armas, a gargajos si es posible, puede vencer a ese ejército que se cubre de gloria con la injusticia en contra de su propio pueblo.
Porque los soldados de ese ejército saben que, antes de cumplir la orden de disparar contra sus familias para defender la cobardía de políticos, banqueros y explotadores del trabajo humano, pueden voltear sus cañones en contra de sus opresores. ¡Estamos anhelando que llegue ese día y sea depuesto de una buena vez el mal gobierno que domina al país!
Entonces sí se podrá formar un ejército de verdad, de verdaderos hombres que se cubran de gloria al defender lo que es de sus hermanos de raza y clase social. Ese día debe llegar para México, y vale la pena conseguirlo a cualquier precio.
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Cierto que no se olvida la herida del 2 de octubre. Y menos se olvida cuando tomamos conciencia de que las armas de México se “cubrieron de gloria en Tlatelolco”, de esa manera en que se han venido cubriendo de gloria a través de los años: masacrando, asesinando jóvenes inocentes, ametrallando niños, violando ancianas, desapareciendo a maestros y estudiantes con sentido crítico, protegiendo a las peores rémoras de la historia mexicana.
Las armas mexicanas se cubrieron de esa gloria vergonzosa de la que no quisieran hablar los militares –de esa gloria negra de la que aún no desean hablar. Para esas nada honorables actividades es que en México hay un ejército, del que se avergüenzan incluso quienes fueron educados en la milicia. Escuché, después de la masacre de 1968 a un militar que honraba la disciplina de su carrera decir “por primera vez en la vida me avergüenzo de ser militar…”. El valor y la disciplina hay que tenerlos para desobedecer las órdenes de disparar contra el pueblo. Ese sentido del deber no lo conoce la mayor parte de los militares.
Y hoy en día, después de una supuesta democratización de la vida mexicana, sigue gobernando ese conservadurismo que le da la mano al gorila militar para ordenar que dispare en contra del pueblo hambreado y castrado, educado en la ignorancia. Pero que no lo crea tanto, porque el pueblo repudia la manera en que han pisoteado su dignidad para favorecer –una vez más– a las grandes empresas imperialistas.
Que no lo crean tanto, porque quien nada tiene que perder, tiene mucho por ganar en la lucha. Que no crean que ese pueblo esté tan castrado que ya ni sueñe, porque ese pueblo sabe que es mayoría y que sin armas, a gargajos si es posible, puede vencer a ese ejército que se cubre de gloria con la injusticia en contra de su propio pueblo.
Porque los soldados de ese ejército saben que, antes de cumplir la orden de disparar contra sus familias para defender la cobardía de políticos, banqueros y explotadores del trabajo humano, pueden voltear sus cañones en contra de sus opresores. ¡Estamos anhelando que llegue ese día y sea depuesto de una buena vez el mal gobierno que domina al país!
Entonces sí se podrá formar un ejército de verdad, de verdaderos hombres que se cubran de gloria al defender lo que es de sus hermanos de raza y clase social. Ese día debe llegar para México, y vale la pena conseguirlo a cualquier precio.
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