El tema de la “seguridad” es uno de los preferidos por el sistema. Sin mencionar a todos los crímenes internacionales e invasiones de países hechos con ese pretexto, sí vemos cómo en México, al paso de los años, se ha incrementado la psicosis por la seguridad.
Pero tenemos muchos sentidos de la inseguridad que vive el mexicano. Los mexicanos se saben completamente inseguros de que sus decisiones electorales sean respetadas. Exceptuando a una reducida capa social, los mexicanos son conscientes de que hoy en día tienen un gobierno ilegítimo, impuesto por la fuerza y legitimado por la corrupción del poder judicial, en su más alta esfera, que es la suprema corte de justicia y soportado a punta de balas por el ejército y la policía. Todo esto avalado por la iglesia.
Así que tenemos que las cuatro instituciones más significativas del país (nunca hemos dicho que las mas honorables), han violado sus principios, dejando de lado la ley y el respeto al pueblo del que (se supone) que emanan. Entonces, la actual situación no sólo ha confirmado que ejército es una institución criminal, que no sólo balaceó a los estudiantes en 1968, ha asesinado a campesinos y obreros, sino que ahora avala un gobierno ilegal y, a su nombre, balacea familias de inocentes que no se detienen ante uno de sus dudosos retenes.
La suprema corte, ha demostrado ser también una institución criminal, que avala un gobierno impuesto por las oligarquías en contra de la voluntad soberana del pueblo. A todos los intentos de hacer valer la Constitución mexicana han respondido con artilugios para violar la letra de la ley suprema del país. La suprema corte muestra ser suprema institución criminal.
De los cuerpos policíacos, sobran palabras. De la iglesia, todos saben que tiene sectores extremadamente conservadores, integrados por los altos prelados y una serie de curas pederastas, que es un lastre para el desarrollo de la humanidad, y para la misma religión que profesan. El único recurso que ha tenido esta institución es el terror, la represión y la violencia, nada que ofrezca seguridad a los mexicanos, todo lo contrario.
En Veracruz las placas de “seguridad”
En el plano estatal, no es posible hablar de seguridad a partir de un gobernador que ha avalado el gobierno de los más corruptos alcaldes en toda la entidad y que, con la psicosis de inseguridad, ve una oportunidad más de negocio al imponer un nuevo modelo de placas para los automóviles, ahora de “seguridad”, con un pretendido “chip” que no es otra cosa que un código de b arras visible desde el scanner de los radares de seguridad.
Doble engaño: se dice que las placas serán “definitivas”, cuando eso es algo que repiten cada vez que fuerzan a cambiar placas, negocio redondo para las cajas del gobierno de Veracruz. Engaño también es el decir que las placas tienen un “chip”, con este vocablo se entiende a un micro circuito que podría tener el uso de dar una señal electrónica que fuera detectado por los aparatos de los cuerpos de seguridad. Pero no es el caso, se trata de un simple código de barras que puede ser detectado con cualquier escáner.
En Coatzacoalcos, el gobierno de una mafia
Con la finalidad de enriquecerse aún más, y a costa del pueblo, el gobernador de Veracruz colocó en Coatzacoalcos a uno de los más corrompidos alcaldes que haya habido en la historia local, la meta no era tener obras, o un gobierno honesto, sino que repartiera las ganancias con el gobernador. Se buscaba, también, que el partido tricolor se mantuviera en la hegemonía, con miras a las elecciones federales de 2011, pero esto último no lo va a conseguir el gobernador porque el alcalde de Coatzacoalcos es de un grupo político contrario a Fidel, que ingenuamente creyó contar con negocio y futuro político.
Este grupo gobernante infla el costo de las obras públicas al grado que no se entregan, pero lo atractivo para Fidel fue que Marcelo Montiel reparte con él la bolsa de los saqueos. También obtiene ganancias de los asuntos de inseguridad, habiendo colocado a un comandante de la policía intermunicipal que ha logrado recrudecer los asaltos y secuestros para beneficio, entre otros, del alcalde.
Por todo esto el mexicano se siente inseguro. Hoy se agrava con el hecho de que las mafias que gobiernan el país se reunieron en un consejo del que nada bueno puede esperarse.
sábado, 23 de agosto de 2008
domingo, 17 de agosto de 2008
El Deporte en México
Es muy peculiar que, cada cuatro años, se pone de manifiesto la debacle que es el deporte México (entre otras cosas). Vemos las mismas figuras que se aprecian en todas las actividades de la vida pública: corrupción, mentira, engaño al pueblo y una gran, pero muy gran ineptitud.
El pretexto fundamental es que hay poco dinero, pero esa salida no es real: México tiene mucho, muchísimo dinero, pero lo tiene para devolver impuestos a las grandes empresas, como Bimbo, Televisa, TV Azteca, grupo Femsa, grupo Carso, algunos bancos, etc. Todos los excedentes petroleros se despilfarran en lograr que esas empresas paguen cantidades mínimas de impuestos (el consorcio Bimbo, por ejemplo, paga $ 70.00 al año). México cuenta con recursos superabundantes cuando se trata de pagar comerciales que buscan engañar a los televidentes sobre una supuesta reforma petrolera que pondrá este recurso natural y su procesamiento en manos de los monopolios extranjeros.
Pero no hay dinero para el deporte, como tampoco lo hay para las universidades públicas ni para las actividades culturales. No hay dinero para el deporte porque sería darle algo al pueblo, darle en vez de saquearlo, porque la práctica deportiva no es patrimonio de las obesas y sedentarias clases adineradas (para las que trabaja el gobierno de México), sino es patrimonio del pueblo común, al que no se le da nada, porque está para ser saqueado en todos los respectos.
Las “marcas” mexicanas
El asunto del deporte resulta tan surrealista como todas las actividades de este gobierno ilegítimo que padece México. Para paliar la falta de apoyos, que dan por resultado la baja calidad de los deportistas, se ha acuñado el concepto de “marcas mexicanas”, así las cosas no son tan graves cuando un nadador, por ejemplo, no sólo no califica para las finales, sino que figura allá por el lugar 40, pero se le ve superar sus propios tiempos: supera la marca mexicana, que está muy por debajo de las marcas mundiales.
Es de dar risa cuando se escucha a los cronistas explicar que fulano de tal competidor “supero la marca mexicana” en su deporte, aunque no figure ni por asomo en los podios de premiación. Pero debemos dar un vistazo a las condiciones que tienen los competidores mexicanos: aparte de los que son amigos del pariente de tal o cual funcionario, magistrado u obispo, y que sólo van en la delegación a hacer turismo a costa de los recursos supernumerarios que son utilizados para estos casos, están los deportistas de verdad.
Tienen apoyo del CONADE: alojamiento, comida y lugar a donde entrenar. ¿Eso nada más? Sí, no reciben salario alguno, por lo que si tienen familias a las que mantener deben trabajar aparte, en la actividad a que se dediquen: oficinistas, mensajeros, estudiantes, etc. Esta condición no les concede excepciones: si llegan tarde a su trabajo por incrementar su entrenamiento, los pueden correr, si son estudiantes nadie les exime de sus exámenes por hacer deporte y, si quieren entrenar y necesitan dinero para sobrevivir, pues se meten en competencias en las que ganen premios en efectivo.
No los beca el gobierno, como pasa en países notablemente más pobres que el rico México, ser deportista es un gusto, no merecen salario en México. Entonces, tienen que repartir su tiempo entre el que utilizan para laborar y el que emplean para entrenar, por lo que todo lo que logran se lo deben a su tesón y disciplina.
Esta situación se hace más grave en los estados, lugares como Coatzacoalcos carecen por completo de instalación alguna para la práctica deportiva: no hay una alberca olímpica con poza de clavados, no hay un gimnasio público con aparatos para gimnasia, no hay pista alguna para la práctica del atletismo, no hay ciclo pistas, y se proyecta una, muy risible, con seiscientos metros de longitud. Tampoco hay velódromo, ni seguridad en la mar para el canotaje, menos aún carreras atléticas serias, que se lleven a cabo en los horarios lógicos para ello en el clima tropical. Los profesores de educación física son obesos, alcohólicos e incapaces de entrenar siquiera ellos mismos, cuantimenos a deportista alguno.
Pero esta situación no es privativa de Coatzacoalcos, así sucede en el puerto de Veracruz, en la capital Xalapa y en la mayor parte de las ciudades de la extensa y muy rica provincia mexicana. No es de extrañarse que los deportistas mexicanos fracasen frente a los de países que toman la cosa en serio, como Jamaica, Kenia, Etiopía o Zimbabue, para no hablar de Cuba, China o de los Países Bajos. Al contrario, es digno de más crédito debido al esfuerzo personal que eso entraña, ya que no sólo se trata de entrenar, sino de luchar contra un sistema incapaz.
En suma, los mexicanos ya sabemos que nuestros impuestos no se emplean tampoco en fomentar el deporte, como no se utilizan para la educación pública, ni para la obra pública de calidad, sino que se utilizan los impuestos de los pobres para dar las devoluciones que las ricas empresas reciben. ¿Será esta la cause de la inseguridad que se padece en el país?
El pretexto fundamental es que hay poco dinero, pero esa salida no es real: México tiene mucho, muchísimo dinero, pero lo tiene para devolver impuestos a las grandes empresas, como Bimbo, Televisa, TV Azteca, grupo Femsa, grupo Carso, algunos bancos, etc. Todos los excedentes petroleros se despilfarran en lograr que esas empresas paguen cantidades mínimas de impuestos (el consorcio Bimbo, por ejemplo, paga $ 70.00 al año). México cuenta con recursos superabundantes cuando se trata de pagar comerciales que buscan engañar a los televidentes sobre una supuesta reforma petrolera que pondrá este recurso natural y su procesamiento en manos de los monopolios extranjeros.
Pero no hay dinero para el deporte, como tampoco lo hay para las universidades públicas ni para las actividades culturales. No hay dinero para el deporte porque sería darle algo al pueblo, darle en vez de saquearlo, porque la práctica deportiva no es patrimonio de las obesas y sedentarias clases adineradas (para las que trabaja el gobierno de México), sino es patrimonio del pueblo común, al que no se le da nada, porque está para ser saqueado en todos los respectos.
Las “marcas” mexicanas
El asunto del deporte resulta tan surrealista como todas las actividades de este gobierno ilegítimo que padece México. Para paliar la falta de apoyos, que dan por resultado la baja calidad de los deportistas, se ha acuñado el concepto de “marcas mexicanas”, así las cosas no son tan graves cuando un nadador, por ejemplo, no sólo no califica para las finales, sino que figura allá por el lugar 40, pero se le ve superar sus propios tiempos: supera la marca mexicana, que está muy por debajo de las marcas mundiales.
Es de dar risa cuando se escucha a los cronistas explicar que fulano de tal competidor “supero la marca mexicana” en su deporte, aunque no figure ni por asomo en los podios de premiación. Pero debemos dar un vistazo a las condiciones que tienen los competidores mexicanos: aparte de los que son amigos del pariente de tal o cual funcionario, magistrado u obispo, y que sólo van en la delegación a hacer turismo a costa de los recursos supernumerarios que son utilizados para estos casos, están los deportistas de verdad.
Tienen apoyo del CONADE: alojamiento, comida y lugar a donde entrenar. ¿Eso nada más? Sí, no reciben salario alguno, por lo que si tienen familias a las que mantener deben trabajar aparte, en la actividad a que se dediquen: oficinistas, mensajeros, estudiantes, etc. Esta condición no les concede excepciones: si llegan tarde a su trabajo por incrementar su entrenamiento, los pueden correr, si son estudiantes nadie les exime de sus exámenes por hacer deporte y, si quieren entrenar y necesitan dinero para sobrevivir, pues se meten en competencias en las que ganen premios en efectivo.
No los beca el gobierno, como pasa en países notablemente más pobres que el rico México, ser deportista es un gusto, no merecen salario en México. Entonces, tienen que repartir su tiempo entre el que utilizan para laborar y el que emplean para entrenar, por lo que todo lo que logran se lo deben a su tesón y disciplina.
Esta situación se hace más grave en los estados, lugares como Coatzacoalcos carecen por completo de instalación alguna para la práctica deportiva: no hay una alberca olímpica con poza de clavados, no hay un gimnasio público con aparatos para gimnasia, no hay pista alguna para la práctica del atletismo, no hay ciclo pistas, y se proyecta una, muy risible, con seiscientos metros de longitud. Tampoco hay velódromo, ni seguridad en la mar para el canotaje, menos aún carreras atléticas serias, que se lleven a cabo en los horarios lógicos para ello en el clima tropical. Los profesores de educación física son obesos, alcohólicos e incapaces de entrenar siquiera ellos mismos, cuantimenos a deportista alguno.
Pero esta situación no es privativa de Coatzacoalcos, así sucede en el puerto de Veracruz, en la capital Xalapa y en la mayor parte de las ciudades de la extensa y muy rica provincia mexicana. No es de extrañarse que los deportistas mexicanos fracasen frente a los de países que toman la cosa en serio, como Jamaica, Kenia, Etiopía o Zimbabue, para no hablar de Cuba, China o de los Países Bajos. Al contrario, es digno de más crédito debido al esfuerzo personal que eso entraña, ya que no sólo se trata de entrenar, sino de luchar contra un sistema incapaz.
En suma, los mexicanos ya sabemos que nuestros impuestos no se emplean tampoco en fomentar el deporte, como no se utilizan para la educación pública, ni para la obra pública de calidad, sino que se utilizan los impuestos de los pobres para dar las devoluciones que las ricas empresas reciben. ¿Será esta la cause de la inseguridad que se padece en el país?
martes, 5 de agosto de 2008
Las Aberraciones “Historiográficas”
Desde su nombre, la asociación “historiográfica” de Coatzacoalcos es aberrante. Historiografía es el estudio teórico de los escritos históricos, los métodos de la historia, la contrastación de un historiador a otro, los criterios para aceptar como válida una explicación histórica, desde la manera correcta de escribirla hasta la consideración de sus límites cognitivos. La citada asociación nada de eso hace.
No obstante, se permite tener dos presidentes, uno legal: Rafael Alcántara Conde, y otro espurio: Ignacio Ordoñez. El segundo se complace en hacer declaraciones periodísticas sin fundamento, cosa que tuerce el sentido riguroso de la historia, mientras que el primero, el legítimo, redacta la mayor parte de los escritos que se publican a nombre de la asociación.
Esto se hace patente en la declaración periodística sobre buques encallados en las costas de Coatzacoalcos, hecha por Ordoñez, quien se hace pasar por presidente de la citada asociación, y a quien le brota el oportunismo y la ignorancia.
Primero: hace creer que ellos tienen datos de barcos encallados, lo que no pueden mostrar con documentos (¿dónde está la historiografía?), y se permite afirmar que el primer encallamiento lo registran en 1915, lo cual trasluce su ignorancia sobre los barcos en que viajaban migrantes franceses y que encallan en 1831 debido a malas maniobras del piloto (Ver Pierre Charpenne, El Colono del Coatzacoalcos). Tampoco menciona los encallamientos en el siglo XVIII, registrados en el texto de Miguel del Corral donde explica su posición respecto a construir buques en Coatzacoalcos y las dificultades de calado en la barra.
No se documenta tampoco este “historiador” cuando afirma que un buque, matriculado en El Callao, Perú –al que el uso popular bautizó como “El Callao”– encalló en el sitio a donde se hallan sus restos, al poniente de la escollera en la margen izquierda de río. El buque tiene una historia, pues llegó al puerto con un cargamento de licor singani proveniente de Sudamérica y con destino a Nueva York, en una época en la que ingresar licores a los EEUU era ilegal, por lo que fue retenido en el puerto libre de Coatzacoalcos, huyendo los miembros de la tripulación, que eran el capitán y su familia. También desapareció poco después el licor singani y el buque permaneció por varios años en el puerto, hasta que –siendo un estorbo para la operación– se decidió hundirlo en el área que actualmente se encuentran algunos de los restos de su casco.
Nuevamente muestra su ignorancia el pseudo presidente y pseudo historiador al afirmar que el buque Los Caribes encalló en la década de los 70, cuando la foto de G. Dalzell lo muestra el 20 de abril de 1958 (ver J. Pulido, Coatzacoalcos, 100 años). Decía Roberto Williams que la ignorancia se atreve a todo.
Por último, ya en el extremo de la alucinación, tanto del suplantador como de quien redacta la nota, afirma que el buque Orfeo “lleva 15 días encallado en las playas…” La memoria me permite recordar que fue completamente deshuesado hace ya cosa de tres años, pero no sería extraño que el “historiográfico” afirmara que es un “giro literario” de la historia, porque me parece que también gasta esas “dotes”.
No obstante, se permite tener dos presidentes, uno legal: Rafael Alcántara Conde, y otro espurio: Ignacio Ordoñez. El segundo se complace en hacer declaraciones periodísticas sin fundamento, cosa que tuerce el sentido riguroso de la historia, mientras que el primero, el legítimo, redacta la mayor parte de los escritos que se publican a nombre de la asociación.
Esto se hace patente en la declaración periodística sobre buques encallados en las costas de Coatzacoalcos, hecha por Ordoñez, quien se hace pasar por presidente de la citada asociación, y a quien le brota el oportunismo y la ignorancia.
Primero: hace creer que ellos tienen datos de barcos encallados, lo que no pueden mostrar con documentos (¿dónde está la historiografía?), y se permite afirmar que el primer encallamiento lo registran en 1915, lo cual trasluce su ignorancia sobre los barcos en que viajaban migrantes franceses y que encallan en 1831 debido a malas maniobras del piloto (Ver Pierre Charpenne, El Colono del Coatzacoalcos). Tampoco menciona los encallamientos en el siglo XVIII, registrados en el texto de Miguel del Corral donde explica su posición respecto a construir buques en Coatzacoalcos y las dificultades de calado en la barra.
No se documenta tampoco este “historiador” cuando afirma que un buque, matriculado en El Callao, Perú –al que el uso popular bautizó como “El Callao”– encalló en el sitio a donde se hallan sus restos, al poniente de la escollera en la margen izquierda de río. El buque tiene una historia, pues llegó al puerto con un cargamento de licor singani proveniente de Sudamérica y con destino a Nueva York, en una época en la que ingresar licores a los EEUU era ilegal, por lo que fue retenido en el puerto libre de Coatzacoalcos, huyendo los miembros de la tripulación, que eran el capitán y su familia. También desapareció poco después el licor singani y el buque permaneció por varios años en el puerto, hasta que –siendo un estorbo para la operación– se decidió hundirlo en el área que actualmente se encuentran algunos de los restos de su casco.
Nuevamente muestra su ignorancia el pseudo presidente y pseudo historiador al afirmar que el buque Los Caribes encalló en la década de los 70, cuando la foto de G. Dalzell lo muestra el 20 de abril de 1958 (ver J. Pulido, Coatzacoalcos, 100 años). Decía Roberto Williams que la ignorancia se atreve a todo.
Por último, ya en el extremo de la alucinación, tanto del suplantador como de quien redacta la nota, afirma que el buque Orfeo “lleva 15 días encallado en las playas…” La memoria me permite recordar que fue completamente deshuesado hace ya cosa de tres años, pero no sería extraño que el “historiográfico” afirmara que es un “giro literario” de la historia, porque me parece que también gasta esas “dotes”.
miércoles, 2 de julio de 2008
Seis Meses y Nada…
Ahora, que ya se completaron seis meses del presente gobierno municipal, conviene hacer un recuento de las actividades, a fin de evaluar si han sido seis meses de perjuicio o de beneficio para Coatzacoalcos.
Primero daremos un vistazo a los eventos masivos: carnaval, expo–feria y encuentro del mar. En el carnaval, el recuento fue fallido y delictivo: fallido para los que esperaban hacer negocio con los diversos puestos que se instalaron, o con las concesiones de cerveza. Todos salieron perdiendo, el único que ganó fue el organizador y el tesorero. Los puestos cobraron permisos caros, y la cerveza resultó más costosa para los que compraron su concesión que el precio en que pudieron darla al público.
Resultó delictivo porque se incurrió en el delito de promover el monopolio, cerrando la puerta a la opción de vender otra marca de cerveza distinta de las que maneja el grupo Femsa. Esto provocó que la competencia acudiera a una táctica comercial característica del capitalismo: el dumping, en que los precios se derrumbaron por debajo del costo, afectando a todos los pequeños vendedores, convirtiéndose en un verdadero duelo de gigantes que se llevó “entre las patas” a todos los vendedores a lo largo y ancho del municipio.
La expo–feria fue completamente desangelada, confirmado el sentir de que ese tipo de evento debería desaparecer de Coatzacoalcos y dar lugar a una feria permanente de juegos mecánicos y a exposiciones variadas y en tiempos diversos, con productos a la venta y con eventos culturales. La muestra de cultura veracruzana fue –como siempre sucede en manos oficiales– una aberración sin fundamento, sin conocimiento y sin gusto.
El encuentro del mar, soñado por muchos que desean apreciar la calidad de los participantes, fue desastroso. Los presupuestos entregados por el gobierno de Veracruz nunca los liberó el tesorero –claramente con instrucciones del alcalde– así como tampoco pagó los dineros que la Pepsi Cola había donado para grupos musicales y de teatro. Aunque el organizador asumió los errores todos nos dimos cuenta de que el tesorero y el alcalde hicieron lo posible por lograr el desprestigio del evento naciente hace justo tres años.
El resultado de evaluar los eventos masivos es desastroso: delitos como el favorecer monopolios se conjugan con la mala organización, las arbitrariedades de alcalde y tesorero y la más crasa (gorda) ignorancia. Eventos culturales a los que ni por quedar bien se presentaron el alcalde, el tesorero o ninguno de su camarilla. El saldo desastroso no lo fue en los bolsillos del munícipe y sus secuaces.
Un segundo renglón es el de la obra pública, de la que podemos ver la mutilación de obras terminadas, como la ampliación de la avenida Universidad, que fue mutilado uno de los carriles para conseguir que el otro, por exceso de tráfico se deteriorara al grado que hoy está poblado de cráteres auténticos y de otros menores, sin que al ayuntamiento le preocupe terminar el bloqueo y abrir al uso ambos carriles, después de reparar convenientemente los muchos tramos deteriorados.
Una obra que avanza, a paso lento, es la conexión entre el bulevar costero y la avenida Universidad, obra que permitirá despojar al pueblo de Coatzacoalcos de 30 millones de pesos, por haberla presupuestado a más del doble de su costo, ya con ganancia para el contratista, cosa que ya demostramos en un escrito anterior.
El resto de la obra pública es inexistente, si exceptuamos la escuela donada por la constructora Roma en la colonia Ciudad Olmeca, obra hecha con recursos privados, pero gestionada por el ayuntamiento (que no gastó un centavo en ella).
En resumen: tenemos seis meses de nada, ninguna otra cosa más que latrocinios mayores solapados por los altos niveles gubernamentales. ¿Es raro eso para un hombre que viene de un pueblito llamado Naranjos y que ha tomado a Coatzacoalcos como tesoro para apoderarse? No es la primera vez que lo hace, pero algo nos dice que será la última.
Primero daremos un vistazo a los eventos masivos: carnaval, expo–feria y encuentro del mar. En el carnaval, el recuento fue fallido y delictivo: fallido para los que esperaban hacer negocio con los diversos puestos que se instalaron, o con las concesiones de cerveza. Todos salieron perdiendo, el único que ganó fue el organizador y el tesorero. Los puestos cobraron permisos caros, y la cerveza resultó más costosa para los que compraron su concesión que el precio en que pudieron darla al público.
Resultó delictivo porque se incurrió en el delito de promover el monopolio, cerrando la puerta a la opción de vender otra marca de cerveza distinta de las que maneja el grupo Femsa. Esto provocó que la competencia acudiera a una táctica comercial característica del capitalismo: el dumping, en que los precios se derrumbaron por debajo del costo, afectando a todos los pequeños vendedores, convirtiéndose en un verdadero duelo de gigantes que se llevó “entre las patas” a todos los vendedores a lo largo y ancho del municipio.
La expo–feria fue completamente desangelada, confirmado el sentir de que ese tipo de evento debería desaparecer de Coatzacoalcos y dar lugar a una feria permanente de juegos mecánicos y a exposiciones variadas y en tiempos diversos, con productos a la venta y con eventos culturales. La muestra de cultura veracruzana fue –como siempre sucede en manos oficiales– una aberración sin fundamento, sin conocimiento y sin gusto.
El encuentro del mar, soñado por muchos que desean apreciar la calidad de los participantes, fue desastroso. Los presupuestos entregados por el gobierno de Veracruz nunca los liberó el tesorero –claramente con instrucciones del alcalde– así como tampoco pagó los dineros que la Pepsi Cola había donado para grupos musicales y de teatro. Aunque el organizador asumió los errores todos nos dimos cuenta de que el tesorero y el alcalde hicieron lo posible por lograr el desprestigio del evento naciente hace justo tres años.
El resultado de evaluar los eventos masivos es desastroso: delitos como el favorecer monopolios se conjugan con la mala organización, las arbitrariedades de alcalde y tesorero y la más crasa (gorda) ignorancia. Eventos culturales a los que ni por quedar bien se presentaron el alcalde, el tesorero o ninguno de su camarilla. El saldo desastroso no lo fue en los bolsillos del munícipe y sus secuaces.
Un segundo renglón es el de la obra pública, de la que podemos ver la mutilación de obras terminadas, como la ampliación de la avenida Universidad, que fue mutilado uno de los carriles para conseguir que el otro, por exceso de tráfico se deteriorara al grado que hoy está poblado de cráteres auténticos y de otros menores, sin que al ayuntamiento le preocupe terminar el bloqueo y abrir al uso ambos carriles, después de reparar convenientemente los muchos tramos deteriorados.
Una obra que avanza, a paso lento, es la conexión entre el bulevar costero y la avenida Universidad, obra que permitirá despojar al pueblo de Coatzacoalcos de 30 millones de pesos, por haberla presupuestado a más del doble de su costo, ya con ganancia para el contratista, cosa que ya demostramos en un escrito anterior.
El resto de la obra pública es inexistente, si exceptuamos la escuela donada por la constructora Roma en la colonia Ciudad Olmeca, obra hecha con recursos privados, pero gestionada por el ayuntamiento (que no gastó un centavo en ella).
En resumen: tenemos seis meses de nada, ninguna otra cosa más que latrocinios mayores solapados por los altos niveles gubernamentales. ¿Es raro eso para un hombre que viene de un pueblito llamado Naranjos y que ha tomado a Coatzacoalcos como tesoro para apoderarse? No es la primera vez que lo hace, pero algo nos dice que será la última.
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Coatzacoalcos Corrupción Municipal
martes, 1 de julio de 2008
Las Injustas Redadas
La característica que define al sistema mexicano es el doble lenguaje y la simulación. De eso se trata, también, en las redadas que viene haciendo la Policía Federal Preventiva en los sitios de reunión en que esperan encontrar una gran cantidad de jóvenes.
Este es un verdadero atentado contra de las garantías individuales. Todo mundo tiene derecho a divertirse en donde más le plazca, que puede ser una discoteca o un “antro”, como se le llama popularmente; no por eso es un presunto delincuente, ni tiene la policía derecho alguno de hacer redadas de ningún tipo por el sólo hecho de que los jóvenes se diviertan e incluso ingieran algunas cervezas. Hasta donde sabemos tomar cerveza, vino o licores no es ningún delito, venderle a menores sí lo es, pero el que delinque no es el menor que toma, sino el adulto que le vende.
Así que comandar fuerzas policiacas que hagan redadas a menores, donde sea, es un delito con dolo, no un mero delito imprudencial (como se quiere hacer creer). Es delito perseguir a los menores por el solo hecho de suponer que tienen uno o dos cigarritos de marihuana en los bolsillos. Consumir la droga no es delito, aunque venderla sí lo sea, pero las policías y el ejército tienen bien claro quién –o quienes– la venden.
Así entonces, efectuar una redada sí es un delito, se le vea por donde se le vea. Si de combatir el uso de estupefacientes se tratara, ya se habrían prohibido los miles de programas de televisión en que aparecen los “ídolos de rock” completamente drogados, pero este no es el caso, porque la postura oficial respecto a las drogas es, como todo lo oficial en la mayor parte de los países, una mera simulación que tiene –en muchas ocasiones– el valor contrario.
Por esto, lo del “News Divine” es un asunto preocupante, porque hoy fueron los niños de una colonia proletaria, mañana será una universidad, luego los obreros de alguna fábrica, o algún grupo que proteste por las arbitrariedades gubernamentales. Es preocupante porque México está cada vez más metido en un estado de terror completamente inhumano e irracional.
Pero el asunto no queda en simplemente sancionar a los mandos policíacos que actuaron con dolo contra de los menores, sino en ir más arriba y ver que es el propio presidente de la república quien promueve este estado de terror, ese es el verdadero culpable de que sucedan casos como éste, y como los que pueden suceder desde que diputados y senadores aprobaron la iniciativa presidencial de la ley conocida como “Ley Gestapo”.
En esta dirección es que debe ser hecha la crítica, México se está convirtiendo en un país fascista con el permiso y la anuencia de los representantes populares, que ya no representan al pueblo, sino a sus propios intereses personales –o de grupo. Eso es lo que está mal, no que unos jóvenes ser reúnan a bailar, tomar y fumarse sus cigarritos verdes. Esto último no mata como lo hace la policía y el terror oficial.
Este es un verdadero atentado contra de las garantías individuales. Todo mundo tiene derecho a divertirse en donde más le plazca, que puede ser una discoteca o un “antro”, como se le llama popularmente; no por eso es un presunto delincuente, ni tiene la policía derecho alguno de hacer redadas de ningún tipo por el sólo hecho de que los jóvenes se diviertan e incluso ingieran algunas cervezas. Hasta donde sabemos tomar cerveza, vino o licores no es ningún delito, venderle a menores sí lo es, pero el que delinque no es el menor que toma, sino el adulto que le vende.
Así que comandar fuerzas policiacas que hagan redadas a menores, donde sea, es un delito con dolo, no un mero delito imprudencial (como se quiere hacer creer). Es delito perseguir a los menores por el solo hecho de suponer que tienen uno o dos cigarritos de marihuana en los bolsillos. Consumir la droga no es delito, aunque venderla sí lo sea, pero las policías y el ejército tienen bien claro quién –o quienes– la venden.
Así entonces, efectuar una redada sí es un delito, se le vea por donde se le vea. Si de combatir el uso de estupefacientes se tratara, ya se habrían prohibido los miles de programas de televisión en que aparecen los “ídolos de rock” completamente drogados, pero este no es el caso, porque la postura oficial respecto a las drogas es, como todo lo oficial en la mayor parte de los países, una mera simulación que tiene –en muchas ocasiones– el valor contrario.
Por esto, lo del “News Divine” es un asunto preocupante, porque hoy fueron los niños de una colonia proletaria, mañana será una universidad, luego los obreros de alguna fábrica, o algún grupo que proteste por las arbitrariedades gubernamentales. Es preocupante porque México está cada vez más metido en un estado de terror completamente inhumano e irracional.
Pero el asunto no queda en simplemente sancionar a los mandos policíacos que actuaron con dolo contra de los menores, sino en ir más arriba y ver que es el propio presidente de la república quien promueve este estado de terror, ese es el verdadero culpable de que sucedan casos como éste, y como los que pueden suceder desde que diputados y senadores aprobaron la iniciativa presidencial de la ley conocida como “Ley Gestapo”.
En esta dirección es que debe ser hecha la crítica, México se está convirtiendo en un país fascista con el permiso y la anuencia de los representantes populares, que ya no representan al pueblo, sino a sus propios intereses personales –o de grupo. Eso es lo que está mal, no que unos jóvenes ser reúnan a bailar, tomar y fumarse sus cigarritos verdes. Esto último no mata como lo hace la policía y el terror oficial.
sábado, 21 de junio de 2008
La Obra Pública en Coatzacoalcos
Las trampas que ejerce el ayuntamiento actual de Coatzacoalcos para agenciarse recursos que expoliar son de lo más obvio, pero los periodistas se muestran incapaces de señalarlo debido a los compromisos que tienen con el grupo que comete esos constantes despojos del recurso público.
El ejemplo más palmario resulta ser la construcción de los escasos 800 metros que unen el nuevo tramo del bulevar costero, ya construido en la anterior administración, pero cerrado al público para que los pobladores no aprecien que ese tramo resulta inútil sin los 800 metros que se están construyendo (no se entiende porqué la actual administración protege a la anterior, cuando tienen pleito jurado contra ellos ¿o no es así?).
El caso es que los 800 metros que se están trabajando, y que debieron haber sido entregados hace ya más de 6 meses, se avisa que están siendo construidos a partir de marzo de este año y que será entregada a los usuarios el mes de septiembre. Además de lo dudoso de las promesas municipales, siempre falaces, se anuncia que la obra ha tenido un costo para el pueblo de Coatzacoalcos de poco más de 49 millones de pesos.
Pero lo extraño es que la cifra se parece un tanto a la que se dio a conocer para el tramo de la ampliación de la avenida Universidad en una longitud de poco más de 3 kilómetros. La coincidencia no tiene punto de comparación. Pero hacemos una reflexión, si la calzada y el camellón de la carretera, a la que no se construyeron banquetas por alguna descuidada e irresponsable razón, tiene un ancho de 20 metros (porque ya estaban construidos los otros 10 metros del carril anteriormente existente), tendremos, a lo largo de 3 kilómetros, un total de 60 mil metros cuadrados de construcción; si dividimos los 49 millones entre los metros de construcción tendremos un total de $ 817.00 por metro cuadrado de construcción, que si lo aplicamos a nuevo tramo de 800 metros de longitud, pero de 30 metros de ancho, con banquetas que, suponemos, se construirán, tendremos que el tramo en cuestión cuesta, ni más ni menos que 19 millones 608 mil pesos, que es menos de la mitad de la cifra publicitada.
La pregunta es ¿a dónde van a parar los 30 millones de pesos restantes? ¿Se reparten entre alcalde y tesorero? ¿Toma parte en la repartición el mismo gobernador de Veracruz? Como sea la respuesta, pone en evidencia la manera en que son sustraídos los recursos públicos con el pretexto de la obra que, si bien es necesaria, no tiene un costo ni siquiera de la mitad de lo ejercido.
El ejemplo más palmario resulta ser la construcción de los escasos 800 metros que unen el nuevo tramo del bulevar costero, ya construido en la anterior administración, pero cerrado al público para que los pobladores no aprecien que ese tramo resulta inútil sin los 800 metros que se están construyendo (no se entiende porqué la actual administración protege a la anterior, cuando tienen pleito jurado contra ellos ¿o no es así?).
El caso es que los 800 metros que se están trabajando, y que debieron haber sido entregados hace ya más de 6 meses, se avisa que están siendo construidos a partir de marzo de este año y que será entregada a los usuarios el mes de septiembre. Además de lo dudoso de las promesas municipales, siempre falaces, se anuncia que la obra ha tenido un costo para el pueblo de Coatzacoalcos de poco más de 49 millones de pesos.
Pero lo extraño es que la cifra se parece un tanto a la que se dio a conocer para el tramo de la ampliación de la avenida Universidad en una longitud de poco más de 3 kilómetros. La coincidencia no tiene punto de comparación. Pero hacemos una reflexión, si la calzada y el camellón de la carretera, a la que no se construyeron banquetas por alguna descuidada e irresponsable razón, tiene un ancho de 20 metros (porque ya estaban construidos los otros 10 metros del carril anteriormente existente), tendremos, a lo largo de 3 kilómetros, un total de 60 mil metros cuadrados de construcción; si dividimos los 49 millones entre los metros de construcción tendremos un total de $ 817.00 por metro cuadrado de construcción, que si lo aplicamos a nuevo tramo de 800 metros de longitud, pero de 30 metros de ancho, con banquetas que, suponemos, se construirán, tendremos que el tramo en cuestión cuesta, ni más ni menos que 19 millones 608 mil pesos, que es menos de la mitad de la cifra publicitada.
La pregunta es ¿a dónde van a parar los 30 millones de pesos restantes? ¿Se reparten entre alcalde y tesorero? ¿Toma parte en la repartición el mismo gobernador de Veracruz? Como sea la respuesta, pone en evidencia la manera en que son sustraídos los recursos públicos con el pretexto de la obra que, si bien es necesaria, no tiene un costo ni siquiera de la mitad de lo ejercido.
La Neurosis de Marcelo
Es penoso cuando un alcalde, o cualquier persona, buscando controlar a los demás (cosa por mucho imposible), lleva a cabo acciones que lo hacen ver ridículo o, por lo menos, muy torpe. Tal es el caso de la manera como el alcalde de Coatzacoalcos ha impedido el uso de obras terminadas, como es la ampliación de la avenida Universidad en el tramo que termina en el ITESCO. Se trata de poco más de tres kilómetros que están terminados desde noviembre de 2007, pero que la neurosis de los políticos de Paso de Ovejas ha impedido que los habitantes de Coatzacoalcos gocen de este beneficio.
Que, si se piensa en serio (cosa de la que son incapaces los políticos), este bulevar es prioritario, ya que la concentración vehicular se congestiona en este tramo a toda hora del día. Los defectos son muchos: al anterior alcalde se le ocurrió que los topes eran la mejor solución para dar seguridad a los peatones, lo que estimuló la violencia en contra de ellos. Eso sí, inteligentemente, dejó que los vehículos circularan por la vía recién terminada y cuya inauguración sería un mero trámite ornamental.
Pero la neurosis de Marcelo, que todo y a todos desea controlar, no pudo soportar que los habitantes de la zona más poblada de la ciudad circularan con seguridad y libertad por la vía recién terminada, pero no inaugurada. Para evitarlo, ordenó que se construyeran muros cada pocos metros a fin de que los conductores ni siquiera pensaran en resolver el problema de congestionamiento circulando por la flamante rúa.
Y así persiste la situación desde hace ya más de tres meses, dejando saldos de atropellados, impactos vehiculares, violencia urbana y recordatorios maternos al alcalde (a quien tienen sin cuidado). Si los vehículos de emergencia desean pasar por esos frecuentes y absurdos topes, lo hacen perjudicando sus suspensiones, total son vehículos del pueblo y se reparan con los pocos dineros del pueblo que sobran después de los saqueos tan característicos.
Así las cosas, se le engaña a los habitantes de la zona con pancartas en que se anuncia la posible inauguración del tramo, lo que, de buena fuente, sabemos que no se hará sino hasta después de diciembre, ¿razón? El control neurótico de Marcelo.
Que, si se piensa en serio (cosa de la que son incapaces los políticos), este bulevar es prioritario, ya que la concentración vehicular se congestiona en este tramo a toda hora del día. Los defectos son muchos: al anterior alcalde se le ocurrió que los topes eran la mejor solución para dar seguridad a los peatones, lo que estimuló la violencia en contra de ellos. Eso sí, inteligentemente, dejó que los vehículos circularan por la vía recién terminada y cuya inauguración sería un mero trámite ornamental.
Pero la neurosis de Marcelo, que todo y a todos desea controlar, no pudo soportar que los habitantes de la zona más poblada de la ciudad circularan con seguridad y libertad por la vía recién terminada, pero no inaugurada. Para evitarlo, ordenó que se construyeran muros cada pocos metros a fin de que los conductores ni siquiera pensaran en resolver el problema de congestionamiento circulando por la flamante rúa.
Y así persiste la situación desde hace ya más de tres meses, dejando saldos de atropellados, impactos vehiculares, violencia urbana y recordatorios maternos al alcalde (a quien tienen sin cuidado). Si los vehículos de emergencia desean pasar por esos frecuentes y absurdos topes, lo hacen perjudicando sus suspensiones, total son vehículos del pueblo y se reparan con los pocos dineros del pueblo que sobran después de los saqueos tan característicos.
Así las cosas, se le engaña a los habitantes de la zona con pancartas en que se anuncia la posible inauguración del tramo, lo que, de buena fuente, sabemos que no se hará sino hasta después de diciembre, ¿razón? El control neurótico de Marcelo.
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